Nerings

Neri Rodriguez


Von algarabiadicto gerebloggt
algarabiadicto:

Un repaso desde Vlad Tepes hasta Bela Lugosi

algarabiadicto:

Un repaso desde Vlad Tepes hasta Bela Lugosi

El llenguatge és un fenomen essencialment enllaçat amb la vida. A través de la llengua ens fem, creixem, actuel, negociem, jurem, ens odiem i ens estimem. Amb la llengua ens amaguem o ens mostrem. Pero la llengua ens identifiquen i compartim una cultura i un món. Aprenem a jugar amb les paraules i a entendre la bellesa de dir i de fer un poema. Pel llenguatge soms i ens relacionem, ilutem per comunicarnos i creem discursos que són noves realitats que ens embolcallen, ens mimen i ens atrapen. No podía ser que tota aquesta riquesa i tota aqiesta complexitat s’exopliquessin únicament per unes regles de rescriptura. No podia ser que la llengua es reduís a una colleció d’insectes disseccionats i paralitzats dins el formol de la gramática. I efectivament, no és així Josep María Castellá
Von kamikaze-fruit gerebloggt
heskert:

kamikaze-fruit:

NO ES MI IMAGEN PERO YO TAMBIEN APOYO A LA LOCA DE LOS GATOS

No sé porque pensé en @tazy, jaja

Probablemente @tucandigato apoyará esto

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kamikaze-fruit:

NO ES MI IMAGEN PERO YO TAMBIEN APOYO A LA LOCA DE LOS GATOS

No sé porque pensé en @tazy, jaja

Probablemente @tucandigato apoyará esto

Mientras tanto, entre las #MarchaAntiEPN, alguien ya empezó a protestar en contra de los mutantes. Sólo falta que aparezcan los X-men.

Mientras tanto, entre las #MarchaAntiEPN, alguien ya empezó a protestar en contra de los mutantes. Sólo falta que aparezcan los X-men.

Von juanonimo gerebloggt
heskert:

Che.

El ‘che hipster

heskert:

Che.

El ‘che hipster

Frases cursis

No sé que obsesión tiene la gente con las frases hechas, ridículas y cursis de siempre. Cada vez que leo una de esas frases tontas, me pregunto ¿qué pasará por la cabeza de él/ella? ¿tan mal estará para encontrar consuelo en frases tan cursis?

Nosotros NOsomos los arquitectos de nuestro propio destino”. El destino implica situaciones que no están bajo nuestro control. Por lo tanto, quienes creen en el destino, deben aceptar estas situaciónes.

Frases como esa me irritan tanto.

¡Lean un libro! De preferencia poesía, porque si tanta necesidad tienen de frases “bonitas”, al menos busquen mayor calidad y variedad. La literatura hispana está llena de buenos poetas con versos hermosos sobre todo tipo de temas: amor, desamor, amistad, etc.

Y por favor, ¡DEJEN DE PUBLICAR MAMADAS “MOTIVACIONALES”!

Por su atención, gracias.

Von designaemporter gerebloggt
designaemporter:

all days go by

De hecho, gramaticalmente hablando el futuro no existe. Es sólo la unión del verbo infinitivo, unido a la conjugación del verbo “haber”:
Ejemplo. Yo comeré a las 8 » Yo comer+haré a las 8 » antiguamente se decía: Yo he de comer a las 8
In English, “will” is actually a infinitive  irregular auxiliar verb.

designaemporter:

all days go by

De hecho, gramaticalmente hablando el futuro no existe. Es sólo la unión del verbo infinitivo, unido a la conjugación del verbo “haber”:

Ejemplo. Yo comeré a las 8 » Yo comer+haré a las 8 » antiguamente se decía: Yo he de comer a las 8


In English, “will” is actually a infinitive  irregular auxiliar verb.

(via pachulisima)

Traumas de la secundaria

Recuerdo cuando estaba en la secundaria. Odié esa etapa:

Al final de la primaria, ya había conseguido todo: tenía amigos, un grupitos de “admiradoras”, fui el primer lugar de generación de la primaria y mis compañeros me respetaban. No era necesario que yo moviera un dedo ni enfrentarme al “verguitas” del salón (siempre fui un niño alto). Pero como en todos los veranos, llegan las nubes de tempestad y tormentas.

Antes de que entrara a quinto año de primaria, mis padres ya me había dicho que habían separado un terreno para construir una casa en Apodaca, cerca del aeropuerto. Cabe destacar que en ese entonces, el aeropuerto era un lugar más lejano que hoy en día, por lo tanto terreno desconocido para mí.

Sin embargo, en abril del 2001, meses antes de terminar la primaria, mis papás me dijeron que ya le habían entregado el terreno y nos mudaríamos a Apodaca.

En ese momento la noticia no me estremeció, ya anteriormente nos habíamos cambiado de casa (prácticamente viví en todo Guadalupe, desde el centro hasta los límites con Juarez).

El cambio lo resentí el día que nos mudamos. Como la casa todavía no estaba construida, nos fuimos a vivir a Valle Soleado. Dicho barrio está ubicado en los límites de Apodaca con Guadalupe. Siempre ha sido una colonia conflictiva, llena de pandillerismo.

Vivíamos en la calle Valle de Juarez, en una casa pequeña que daba al frente de la calle. En la parte de atrás de la propiedad había una segunda casa, donde vivían los dueños, a los que les rentabamos. Según iba a ser temporal, pero vivimos un año ahi, hasta que la casa estuvo habitable.

Durante el primer año de la secundaria conocí personas nuevas, las cuales muchas no eran de mi agrado. La mayoría eran “cholos”, les gustaba la música colombiana y usaban pantalones demasiado holgados, tanto que parecía que traían un pañal y ya se habían cagado en él. Intenté conversar con ellos, hacerme sus amigos, pero ellos eran muy rudos, les gustaba golpearse entre sí, y yo siempre he sido una persona pacífica. Nunca me buscaron pleito, pero siempre guardé distancia.

Desde que era un niño, siempre he tenido mayor facilidad de hacer amistad con las mujeres que con los hombres. A veces platicaba con las chavitas del salón, pero a mis doce años ya sabía que: a) ellas estaban muy pendejas, b) que eran lo que la gente mamona “de la alta” llaman “pinches gatas”, “nacas” y “cualquieras”.

Recuerdo que en el mes de noviembre, el maestro de inglés comenzó la rondalla, sin embargo ese proyecto no prosperó, así que sólo me quedé con una guitarra que no usaría hasta después.

En resumen, el primer año lo pasé sin pena ni gloria.

Durante el verano del 2002, antes de que comenzar el segundo año, nos mudamos a nuestra casa en Apodaca. En realidad no estaba muy lejos, como a unos 5 km de Valle Soleado.

El terreno era hostil y nuevo. Era un moridero desertico donde apenas y las calles estaban delimitadas. No había pavimento, pero si había electricidad, agua y drenaje. Cuando llovía, pisar el lodo era inevitable. El alcalde en turno dijo que pavimentarían las calles, sin embargo eso no sucedió hasta finales de 2005.

Además de cambiarme de casa, me cambie de escuela. Pasé de una secundaria federal a una secundaria técnica y de un grupo mixto a un grupo de varones. 

Si los compañeros que tenía en primer grado no eran de mi agrado, los de esta nueva secundaria eran peores: gritaban, escupían, hablaban con albures, eran malhablados, tendían hacia la homofobia (o más bien, a una homosexualidad reprimida). Muchos provenían de hogares disfuncionales.

Una vez un chavo me buscó pleito de camino a mi casa, que era por el Antiguo Camino a Dulces Nombres (hoy cerrado por la autopista al Aeropuerto). El individup en cuestión quizo lanzarme una piedrota, así tuve que defenderme con la lámpara que hicimos en el taller de electrónica. Le saqué un poco de sangre, un moretón en el ojo y 5 puntadas en la nuca. Casi me expulsan de la escuela, pero de no haberlo hecho, el herido hubiera sido yo.

Hasta el momento, mi único amigo era Julio, un chavo que vivía en la calle de la plaza de la colonia. Fuimos amigos durante muchos años, incluso trabajamos juntos en un parque de diversiones. La última vez que lo ví fue hace dos años. No sé que habrá sido de él, sólo sé que se casó.

En tercer año me hice amigo de Oscar, un chico desmadroso que le gustaba el rock, Nirvana, Korn, Mago de Oz y todas esas banditas típicas del rock adolescente. Con él aprendí a tocar guitarra, y queríamos formar una banda, pero nunca tuvimos oportunidad de hacerla. 

El momento que más recuerdo de la secundaria fue el “ultimo timbre” que tocaron en la ceremonia de graduación. Eso marcó el final de esa etapa de mi adolescencia.

Toma, no he conseguido leerla ¡El cerebro humano no admite tal complejidad!

Albert Einstein, al devolverle un libro de la autoría de Franz Kafka a su amigo Thomas Mann.

(Tomado de Algarabía, número 92, mayo 2012)